Las universidades de Estados Unidos se enfrentan a un desafío inédito: una proporción creciente de su estudiantado carece de la capacidad de comprensión lectora esperada para el nivel universitario. Profesores como Jessica Hooten Wilson, de la Pepperdine University, describen a Fortune una situación crítica: «Ya no se trata de una incapacidad para pensar de forma crítica. Es que no son capaces de leer oraciones».
Listas de lectura inabordables y estrategias de adaptación
Lo que antes eran programas de lectura con entre 25 y 40 páginas entre clase y clase resulta ahora inalcanzable para muchos estudiantes, según el mismo medio. La solución a la que recurren los alumnos pasa por inteligencia artificial: en lugar de leer, solicitan resúmenes automáticos que les ahorren el esfuerzo, perdiendo matices, contexto y pensamiento crítico en el proceso. La respuesta institucional ha sido reducir el volumen de textos obligatorios, cambiar libros completos por fragmentos o incluso adaptar los métodos de enseñanza con audios, vídeos y lectura en voz alta en el aula.
El problema no arranca en la universidad
Los datos recogidos por The New York Times confirman que el deterioro viene de niveles inferiores. Los escolares estadounidenses actuales obtienen peores resultados en pruebas de nivel que hace una década, y la tendencia ya era visible antes de la pandemia. El investigador Nat Malkus califica la situación de «recesión del aprendizaje» y advierte de que no se le presta la atención suficiente.
En Francia, el Ministerio de Educación detectó que el 21 % de los jóvenes de entre 16 y 25 años tiene dificultades para leer, y que un 10 % es analfabeto funcional. En España, los barómetros de lectura arrojan datos positivos en lectura infantil, pero el profesorado en aulas sigue señalando problemas de atención y comprensión lectora generalizados.
De la lectura profunda a la lectura escaneada
El neurocientífico Michel Desmurget, en su obra Más libros y menos pantallas, argumenta que las horas de exposición a redes sociales y plataformas digitales han entrenado al cerebro para procesar información rápidamente, en formato de puntos clave, sin profundidad. Los jóvenes han perdido la capacidad de abstraerse en textos largos y complejos. El ejemplo más visible fue el fenómeno viral a principios de año con Cumbres borrascosas de Emily Brontë: vídeos en TikTok mostraban a lectores incapaces de entender la novela, según recoge Xataka.
Esa pérdida de lectura profunda tiene consecuencias emocionales y cognitivas. Los estudiantes pierden confianza en sí mismos, sufren ansiedad ante textos complejos y, al no captar matices, se vuelven más vulnerables a la desinformación. Leer tiene beneficios comprobados en empatía, capacidad de reflexión y salud mental. Perder ese hábito conduce potencialmente a mayor aislamiento social y a una vida más solitaria.
Pantallas, polarización y una nueva brecha de clase
Aunque la caída de la lectura como ocio ya existía antes de internet —Desmurget cita estudios de finales de los 90 que reflejaban que el tiempo libre dedicado a leer cayó del 21 % al 5 % entre adolescentes de 12 a 18 años entre 1955 y 1995—, la digitalización masiva y el uso intensivo de smartphones ha acelerado la tendencia. La Generación Z ha crecido en un entorno de estímulos constantes, sin pausas ni silencio. Algunos analistas apuntan también a la degradación de la educación pública en EE.UU., a la reducción del valor percibido de los estudios universitarios y a la reorientación utilitaria de la educación.
El resultado es una sociedad que lee menos, piensa menos en profundidad y se polariza más. La lectura compartida solía ser un espacio de construcción de comunidad y pensamiento crítico; sin ella, aumentan la ansiedad, la soledad y la falta de amistades, según advierte Jessica Hooten Wilson en Fortune. Además, la desconexión digital empieza a convertirse en un lujo de las élites: mientras la mitad de los estadounidenses no leyó ni un solo libro en 2025, los milmillonarios colocan la lectura como hábito distintivo. El pensamiento crítico, señala una columna de The New York Times, podría acabar siendo patrimonio exclusivo de los más ricos.
Fuente: Xataka · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Radioalcuadrado con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
