La devastadora catástrofe que ha sacudido Nepal en las últimas jornadas parecía inicialmente un terremoto convencional. Sin embargo, el análisis de imágenes satelitales y datos sísmicos ha revelado una realidad diferente: una enorme masa de hielo y roca se desprendió de un glaciar situado a más de 5.000 metros de altitud, precipitándose más de un kilómetro antes de desencadenar una avalancha catastrófica que arrasó valles enteros.
El episodio ha puesto de manifiesto un problema estructural mucho mayor: según el inventario elaborado por el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), existen 47 lagos glaciares clasificados como potencialmente peligrosos en las cuencas del Koshi, Gandaki y Karnali. De ellos, 25 se encuentran en la Región Autónoma del Tíbet, bajo control chino, uno en India y solo 21 en territorio nepalí, según informa Xataka.
El origen del desastre: una avalancha vertical
Daniel Shugar, geólogo de la Universidad de Calgary que ha estudiado las imágenes por satélite, explicó al New York Times que el lugar del impacto parece como si hubiera explotado una bomba. Una sección de glaciar de unos 600 metros de ancho se desprendió y cayó casi 1.200 metros, pulverizando el hielo y mezclándolo con rocas y agua hasta formar una corriente extremadamente violenta.
Los sensores registraron alrededor de las 8:40 de la mañana el movimiento repentino de la masa montaña abajo. El Servicio Geológico de Estados Unidos llegó a registrar inicialmente un terremoto de magnitud 4,4, pero posteriormente determinó que la señal sísmica provenía del propio movimiento de tierras, cuya fuerza llegó a equivaler a una magnitud 5,2.
Una riada de nueve metros en media hora
La violencia del fenómeno resultó especialmente difícil de anticipar porque en la zona afectada no se habían registrado precipitaciones, de modo que las poblaciones situadas río abajo no contaban con el aviso natural que suele preceder a una inundación. La avalancha bloqueó el río Lhende Khola, afluente del Bhote Koshi, hasta que la acumulación terminó liberando una enorme oleada aguas abajo.
Las mediciones hidrológicas indicaron que el nivel del Trishuli aumentó hasta nueve metros en apenas treinta minutos. La riada dejó al menos 165 muertos, cientos de desaparecidos y arrasó al menos 19 puentes, además de carreteras, centrales hidroeléctricas e instalaciones públicas.
GLOF: cuando los lagos glaciares colapsan
Los lagos glaciares aparecen cuando el agua procedente del deshielo se acumula junto a un glaciar o en las depresiones que este deja al retroceder. Muchos quedan contenidos por morrenas, acumulaciones naturales de rocas, sedimentos y hielo que funcionan como una presa natural pero mucho más vulnerable que una estructura artificial.
El peligro surge cuando el nivel del agua aumenta o una avalancha de hielo o roca cae sobre el lago: la ola resultante puede desbordar o romper esa barrera y liberar repentinamente enormes cantidades de agua y escombros valle abajo, un fenómeno conocido como GLOF (glacial lake outburst flood) que puede propagarse durante decenas o incluso cientos de kilómetros.
El desafío transfronterizo
De los 47 lagos identificados como potencialmente peligrosos, 42 se concentran en la cuenca del Koshi, mientras tres corresponden a la del Gandaki y dos a la del Karnali. El problema se convierte en un desafío internacional cuando más de la mitad de estos lagos se encuentran fuera del territorio nepalí.
Muchos están situados en cabeceras de ríos que posteriormente descienden hacia Nepal por valles abruptos, lo que significa que una ruptura en territorio chino puede enviar una crecida hacia poblaciones, carreteras, pasos fronterizos y centrales hidroeléctricas nepalíes antes de que las autoridades del país puedan reaccionar.
Intervenciones dentro y fuera de las fronteras
Las autoridades nepalíes y el PNUD han señalado cuatro lagos —Thulagi, Lower Barun, Lumding Tsho y Hongu 2— como prioritarios para actuaciones que incluyen reducir artificialmente sus niveles de agua y mejorar los sistemas de vigilancia y alerta temprana, tras haber realizado intervenciones similares en Tsho Rolpa e Imja Tsho.
Sin embargo, reducir el riesgo de los 26 lagos situados fuera del país exige intercambio de datos y cooperación transfronteriza, especialmente con China, para detectar con suficiente antelación cualquier cambio peligroso aguas arriba. La tragedia del Bhote Koshi ha demostrado por qué esos minutos importan: en el Himalaya no hace falta un terremoto ni una tormenta para desencadenar una catástrofe, basta con que una enorme masa de hielo almacenada a cinco kilómetros de altura deje de estar donde llevaba décadas.
Fuente: Xataka · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Radioalcuadrado con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
