La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) ha certificado el Boeing 737-7, también conocido como 737 MAX 7, marcando un punto de inflexión para el fabricante tras la crisis que paralizó la familia MAX. El modelo, que voló por primera vez en pruebas en 2018, llega después de años de retrasos, cambios técnicos profundos y una supervisión regulatoria mucho más exigente que la aplicada antes de los accidentes fatales de 2018 y 2019.
Un avión pensado para rutas específicas
El 737-7 es la variante más compacta de la familia MAX: mide 35,6 metros de longitud, tiene 35,9 metros de envergadura y admite hasta 172 pasajeros en configuración de máxima densidad. En una cabina típica de dos clases, su capacidad se sitúa entre 135 y 160 plazas. Pero su ventaja no está en el volumen, sino en el alcance: con 7.040 kilómetros de autonomía, supera a sus hermanos mayores, lo que le permite operar rutas largas con menor ocupación o desde aeropuertos más exigentes.
Según información publicada por Xataka, Southwest Airlines, cliente de lanzamiento del modelo, mantiene pedidos firmes de 271 unidades del 737-7. La aerolínea ha construido su estrategia operativa alrededor del 737, reduciendo costes de formación, mantenimiento y repuestos mediante una flota homogénea. En sectores donde las marcas líderes compiten por experiencia y confianza, esta consistencia operativa se convierte en ventaja competitiva.
Rediseño del MCAS y cambios profundos tras los accidentes
El sistema de aumento de características de maniobra (MCAS) fue la pieza más controvertida del programa MAX. Diseñado para compensar los efectos aerodinámicos de los nuevos motores CFM LEAP-1B y su posición en el ala, el MCAS original dependía de un único sensor de ángulo de ataque. Los accidentes de Lion Air en octubre de 2018 y Ethiopian Airlines en marzo de 2019, que causaron 346 víctimas mortales, pusieron de manifiesto fallos graves en su diseño y en la formación de los pilotos.
Boeing modificó el software del ordenador de control de vuelo para que el MCAS compare los datos de ambos sensores disponibles y limitó su capacidad de activación repetida. La FAA también exigió resolver problemas detectados en el sistema antihielo del motor durante los ensayos, sumando complejidad a un proceso de certificación ya extremadamente sensible.
Aprobación en EE.UU., pendiente en Europa
La certificación de la FAA es válida para el mercado estadounidense, pero no garantiza autorización automática en Europa. La Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) realiza evaluaciones independientes, como ya demostró al autorizar el regreso del MAX en su territorio con criterios propios. Por tanto, el 737-7 tendrá que superar un proceso adicional antes de operar comercialmente en la UE.
Competencia directa con el Airbus A220
El rival más directo del 737-7 no es el A319neo de Airbus, sino el A220, diseñado específicamente para el segmento de 100 a 160 plazas. Mientras Boeing ha encogido una familia mayor para cubrir ese nicho, Airbus heredó un avión nacido para ese tamaño de mercado. La batalla refleja dos filosofías industriales distintas ante un mismo reto: operar rutas con demanda contenida sin perder eficiencia ni alcance.
Con esta aprobación, Boeing cierra una etapa marcada por la tragedia, la revisión técnica y el escrutinio regulatorio. El 737-7 representa tanto la renovación tecnológica de una familia histórica como la memoria de los errores que casi la destruyen.
Fuente: Xataka · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Radioalcuadrado con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
