Los Alpes ocupan cerca del 60% del territorio suizo y durante generaciones han condicionado la manera en que se conectan ciudades, valles y regiones. Frente al desafío de levantar carreteras o tender vías férreas salvando pendientes y pasos elevados, los ingenieros helvéticos optaron por una solución radical: atravesar la roca. Con el tiempo, esa estrategia dejó de ser excepcional y se convirtió en la columna vertebral de la infraestructura del país.
Según datos de la Swiss Tunnelling Society, Suiza cuenta con 1.852 túneles que suman 2.544 kilómetros acumulados, incluyendo infraestructuras ferroviarias, de carretera, hidroeléctricas y de otros tipos. Estas cifras reflejan cómo el país ha transformado su subsuelo en una pieza clave no solo para comunicarse internamente, sino también para mantener su posición estratégica en uno de los grandes corredores europeos que enlazan los puertos del mar del Norte con el norte de Italia y Génova, según informa Xataka.
Del Gotardo histórico al túnel de base más largo del mundo
La relación de Suiza con el subsuelo tiene más de un siglo de antigüedad. En 1882 entró en servicio el primer túnel ferroviario del Gotardo, una obra de 15 kilómetros y doble vía que conectó Göschenen con Airolo. Durante más de 130 años, aquella línea desempeñó un papel destacado en el transporte europeo de pasajeros y mercancías. La gran transformación llegó en 2016 con el túnel de base del Gotardo, que con 57,1 kilómetros ostenta el récord mundial como túnel ferroviario más largo.
El proyecto, sin embargo, fue mucho más extenso que esa cifra: al sumar los dos tubos principales, galerías, pozos y pasos auxiliares, se excavaron aproximadamente 152 kilómetros de estructuras subterráneas. La obra no consistió simplemente en perforar túneles más largos, sino en cambiar la altura a la que los trenes cruzan los Alpes. Los nuevos túneles de base de Lötschberg, Gotardo y Ceneri se situaron a cotas mucho más bajas que las rutas históricas, reduciendo pendientes y curvas, lo que permite operaciones más eficientes y trenes de mercancías más largos y pesados.
Estrategia política y medioambiental detrás del acero y la roca
La apuesta suiza por el subsuelo no responde únicamente a criterios logísticos. En 1994, los votantes aprobaron la Alpine Initiative, que incorporó a la Constitución el objetivo de trasladar el transporte transalpino de mercancías de la carretera al ferrocarril para proteger la región alpina. La legislación posterior fijó una meta concreta: reducir los desplazamientos de vehículos pesados desde los 1,4 millones de 2000 hasta 650.000 al año, objetivo que debía alcanzarse en 2018.
Los túneles forman parte de esa estrategia, pero no actúan solos. Suiza aplica tasas a los camiones según distancia, peso y emisiones, y destina recursos específicos a financiar el ferrocarril. Los datos de 2025 muestran que el ferrocarril concentró el 68,6% de las mercancías que atravesaron los Alpes suizos, frente al 70,3% de 2024. Sin embargo, 959.700 vehículos pesados cruzaron las montañas por carretera, unos 310.000 más que el objetivo legal.
Contexto europeo: Noruega, Feroe y otros casos
Suiza no está sola ante este tipo de desafíos geográficos. Las islas Feroe cuentan con más de veinte túneles, varios de ellos submarinos, mientras que Noruega alberga el Lærdal, de 24,5 kilómetros, el túnel de carretera más largo del mundo. No obstante, la combinación de escala, longitud acumulada y enfoque estratégico sitúan a Suiza en un lugar destacado dentro del panorama europeo de infraestructura subterránea.
El país alpino ha reducido sustancialmente el número de vehículos pesados respecto a 2000, pero los Alpes siguen condicionando el transporte. La diferencia es que buena parte de esa batalla se libra ahora bajo tierra, en una red de túneles que refleja décadas de ingeniería, inversión y planificación territorial.
Fuente: Xataka · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Radioalcuadrado con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.
